sábado, 14 de octubre de 2017

La Casa de Castilla




En las afueras de Huérmeces, entre el Puente Vega y el Torreón, existe desde hace mucho tiempo una casa a la que todo el pueblo se refiere como “la Casa de Castilla”.

Molino del Rinconcillo (izda.), Torreón de los Padilla, y la Casa de Castilla (dcha.) Años 20 del siglo XX


La denominación pudiera originar equívocos, sobre todo entre la gente joven. No se trataba de la casa del concejo, ni de la mansión solariega de algún notable castellano. El apelativo tiene un origen más entrañable, datado en las últimas décadas del siglo XIX.

Domingo Arribas, vecino de Huérmeces, acuñó el pseudónimo “Castilla” al poco de regresar del servicio militar, allá por 1880. Y todo porque Domingo había cumplido con la patria en el Regimiento de Infantería nº 16, denominado –entonces y aún hoy en día- “Castilla”.

Al regresar a Huérmeces, Domingo relataría -reiterada y apasionadamente- las múltiples peripecias de su paso por el Regimiento; y algún vecino socarrón, más pronto que tarde, le endosaría a Domingo el apelativo de “Castilla”, que le acompañaría ya para el resto de su existencia.

Domingo Arribas “Castilla” acabó por ejercer la profesión de carpintero-carretero en el Huérmeces de entre siglos, desde principios de los años ochenta del XIX hasta finales de los años veinte del XX. Contrajo matrimonio con Catalina Tudanca, y tuvieron dos hijos: Julián e Isabel.

Ironías del destino: Julián, el único hijo varón de Domingo, heredó de su padre el apelativo "Castilla" a pesar de haberse librado de cumplir con el servicio militar.

Julián Arribas "Castilla" y Emilia Varona (Junio 1935)
Julián Arribas Tudanca “Castilla” era, como muchos en el Huérmeces de aquellos años, un modesto labrador, con casi todo su terrazgo cultivado en régimen de arrendamiento; incluso la casa que habitaba pertenecía a uno de los terratenientes de la comarca (Arteche o Arquiaga, quizás).  

Y esa casa al lado del Puente Vega, en la que Julián pasaría gran parte de su vida, durante la primera mitad del siglo XX, quedó fijada en la memoria popular como la “Casa de Castilla”.

Julián era, también, un “hombre de iglesia”; durante mucho tiempo ejerció de sacristán; para las labores propias del cargo, contó con la colaboración de otro vecino del pueblo, Saturnino Ubierna García, con quien siempre mantuvo una estrecha amistad.

La casa de Castilla, como otras tantas situadas en la periferia del pueblo, nunca dispuso de luz eléctrica; por otra parte, y a pesar de su cercanía al Úrbel, nunca se vio seriamente afectada por las periódicas avenidas del río que, a veces, llegaban incluso hasta el “juego de bolos”, a los pies de la iglesia parroquial.

Es posible que la casa se edificara, en su día, con los restos de la torre que –supuestamente- existiría al otro lado del camino, en el paraje denominado Santa Cristina.

Emilia, la esposa de Julián, era conocida en el pueblo por los excelentes quesos de oveja que ella misma fabricaba.

Tres de los cuatro hijos de Julián y Emilia abandonaron el pueblo a lo largo de la década de los treinta del siglo pasado. Únicamente Catalina, la hija mayor, se estableció como labradora en Huérmeces, junto a su esposo, Ildefonso.  

“Castilla” falleció el 19 de enero de 1969, cuatro días después de que lo hiciera su esposa. Por entonces, ya no residían en la vieja casa del Puente Vega, lo hacían en la conocida como “casa de Hipólito” (Hipólito Díez Hidalgo, carpintero-carretero en Huérmeces durante los primeros años del siglo XX).

Tras el fallecimiento de sus padres, la casa fue adquirida por su hija Catalina, aunque nunca llegó a vivir en ella. Posteriormente, la casa paso por diferentes manos, todas ellas residentes en la capital provincial. 

Así de largo -o de breve- resultó el recorrido del apelativo "Castilla" por la familia Arribas: comenzó con Domingo (1880) y finalizó con Julián (1969). Aunque, eso sí, la casa del Puente Vega se quedó para siempre con el nombre de “la Casa de Castilla".



Apuntes familiares:

Julián Arribas Tudanca (Huérmeces, 1887-1969)
Emilia Varona Ornilla (Huérmeces, 1889-1969)

Julián y Emilia tuvieron cuatro hijos:

1. Catalina Arribas Varona (Huérmeces, 1914 - Burgos, 2001); casada con Ildefonso Alonso Díez (Huérmeces, 1915 – Burgos, 1997); sin descendencia.

2. Gerardo Arribas Varona (Huérmeces, 1916 – Madrid, 2004); dos hijos: Gerardo y Ana María.

3. Mariano Arribas Varona (Huérmeces, 1918 – Madrid, 1999); casado con Amparo Ubierna Varona (Huérmeces, 1925 – Madrid, 2005); tres hijos: Amparo, Gerardo y José Carlos.

4. Isabel Arribas Varona (Huérmeces, 1921 - Ávila, 2012): residió en Burgos, Barcelona, Canarias, Madrid y Toledo; sin descendencia. 

Todos los descendientes de Julián Arribas “Castilla” residen en la actualidad en la ciudad de Madrid y alrededores.



AGRADECIMIENTOS:

- A la familia Arribas Ubierna y, en especial, a Gerardo, nieto de "Castilla".
- A Mauro Díaz-Ubierna, vecino de Huérmeces.


NOTA:

El Regimiento de Infantería «Castilla» n.º 16 se creó en 1793 por iniciativa de Pedro de Alcántara, XIII duque del Infantado, reinando en España Carlos IV. Su primera denominación fue la de Regimiento de Voluntarios de Castilla

El Regimiento también posee el sobrenombre de «El Héroe», por el arrojo mostrado contra los franceses durante el segundo sitio de Zaragoza (diciembre de 1808).

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el Regimiento “Castilla” tuvo una activa participación en las últimas batallas que supusieron la derrota final de los carlistas, y el fin de estas guerras dinásticas.

Finalizada la carlistada, y hasta el año 1883, el Regimiento “Castilla” n.º 16 estuvo acantonado en Vitoria, desarrollando todo tipo de operaciones de organización, abastecimiento, ejercicios de técnica y táctica militar y diversas misiones en auxilio de la población civil, en casos de desastres naturales. Suponemos, pues, que Domingo Arribas cumplió con el servicio militar en aquel acuartelamiento de Vitoria.

En diciembre de 1883, el Regimiento recibió la orden de establecerse definitivamente en Badajoz, ciudad a la que está ligado desde entonces. En 1966 pasó a denominarse Regimiento de Infantería Mecanizada y, en 2015, fue reconvertido a Regimiento Acorazado.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Casetas de era, casetas de cruce



A las afueras de muchos pueblos de La Comarca, aún es posible encontrar un tipo de construcción humilde, a veces levantada en tosca mampostería, otras incluso en adobe, muchas otras en ladrillo hueco doble, sin enfoscados ni adorno alguno, con puertas de madera barata maltratada por el tiempo.

Las más pequeñas, sin siquiera puerta de madera, servían para guarecerse del sol, la lluvia, la nieve o el viento, y solían encontrarse en encrucijadas de caminos, al borde de una carretera o cerca de una ermita o santuario de especial devoción.

Ordejón de Arriba: caseta levantada en el cruce entre la carretera de Humada y el acceso al pueblo


Caseta situada en el cruce entre la N-627 (Burgos-Aguilar) y la carretera de acceso a Fuente Úrbel
Las más grandes solían situarse en las eras, cuando las eras eran eras. O cerca de un huerto o pradería. Tanto servían para guardar algo de frescor en tórridas tardes de verano como para aguantar otros muchos carros y carretas meteorológicos. 

Muchas siestas debieron mecer, muchas galvanas quitar, quizás incluso alguna que otra cita furtiva disfrutar.

En ellas cupieron trillos y sillas, ubios y dalles, horcas y horquillas, calderos y botijas, cribas y coloños, rastras y revolvederas, bieldos y bieldas …

En algunas, quizás también se resguardaron aquellos pequeños tractores primigenios que pusieron en marcha la tardía mecanización del agro castellano, allá por finales de los cincuenta.

Casetas en las eras de El Seto a medidados de los sesenta
En Huérmeces, por ejemplo, a mediados de los años sesenta, existía en el extremo suroriental del casco urbano, en el pago denominado El Seto, un conjunto de seis eras en las que desarrollaban sus labores varios vecinos: Mauro, Avelino, Cristóbal, Diego, Lázaro y Lorenzo.

Varias de ellas disponían de su correspondiente caseta, levantadas tanto en piedra como en ladrillo y adobe.

Un cuarto de siglo después: aún resisten dos casetas en las eras de El Seto
A finales de los años ochenta aún se mantenían en pie tres de ellas.

En 2017, sin embargo, ya no queda ninguna. En una de las eras se ha levantado una moderna vivienda, en otra se cultiva cereal, y en otra la caseta se ha visto sustituida por una nueva nave agrícola.

En el barrio de Mercado aún queda una vieja caseta en piedra, con amplia visera de uralita. Y en el desaparecido barrio de La Parte, puede admirarse una humilde caseta con cubierta a un solo agua, levantanda -en buena labor de mampostería- en terrenos aptos para huerta.


Huérmeces: caseta en una antigua era sita en el barrio de Mercado
Caseta en el antiguo barrio de La Parte (Huérmeces)


Similar evolución se ha producido en estas casetas de era en el resto de pueblos del entorno. Únicamente han pervivido ejemplares aislados que, bien por la buena calidad de su construcción, bien por haber contado con un mínimo de mantenimiento por parte de algún vecino, han llegado a nuestros días para asombro de propios y extraños.

En las casetas levantadas en ladrillo, el único lujo constructivo consistía en el enfoscado de la zona superior del testero porticado, una barata solución para preservar de las inclemencias climatológicas la parte más sensible y utilizada de la caseta: la puerta. 

Ordejón de Arriba: la única caseta que queda en pie en la zona de las eras



Renedo de la Escalera (Valdelucio), en ladrillo, al lado de la carretera


Villanueva de Odra, en ladrillo, a la vera del río



En el cercano pueblo de La Piedra aún pueden admirarse los restos de un conjunto de casetas levatadas en el paraje (unos 150 metros al oeste del caserío) en el que se concentraban las antiguas eras. La más antigua, situada a un nivel superior a las demás, se observa una buena labor de mampostería.


Pared posterior de caseta, con cubierta a un solo agua, en La Piedra
Caseta en ladrillo y mampostería, en La Piedra

Caseta, también en ladrillo y mampostería, en La Piedra, situada a un nivel ligeramente superior a la anterior
 


Hoy, despojadas de todo sentido y contenido, acosadas por zarzas y ortigas, languidecen a la vera de las despobladas aldeas, presintiendo su inevitable e inminente ruina. Primero caen las de adobe, luego las de piedra; aguantan algo más las de ladrillo, entre otras cosas porque fueron levantadas más recientemente.

En su lugar, proliferan modernas naves agrícolas de hormigón prefrabricado, cubierta metálica diseñada por ordenador, puertas de apertura automatizada y contrato con compañía de seguridad (opcional).  

Únicamente tienen alguna oportunidad aquellas cuyo emplazamiento se encuentre dentro del casco urbano; entonces, quizás alguien apueste por su rehabilitación como vivienda o como moderno garaje. O quizás como chamizo en el que encuentre refugio la gente joven que aún veranea unos días en estos pueblos. 



Santa Cruz (Los Valcárceres)


San Mamés de Abar


Paúl (Valdelucio)
La Riba de Valdelucio

Pedrosa de Río Úrbel: el adobe se desintegra mucho más lentamente de lo esperado


En los últimos treinta años, gran parte de estas casetas de era y huerta han desaparecido. Primero una simple gotera, luego un desteje parcial, más tarde una nevada copiosa, vigas podridas que van partiéndose en pedazos ... la cubierta acaba por colapsar, ese es el punto de no retorno; más tarde los muros se agrietan, vuelan puertas y ventanas, se disuelven barros y adobes, se descalzan piedras ...

Algunas han visto prolongada su agonía, pero a costa de ver su honor mancillado: su vieja cubierta de teja era sustituida -sin piedad alguna- por modernas y cancerígenas planchas de uralita. 

Hace un cuarto de siglo, aún era posible admirar casetas con espléndidas labores de mampostería en piedra del lugar. Sobre todo en los páramos. Hoy solo persisten unas pocas, milagrosas supervivientes del abandono rural.

Huérmeces

La Piedra
 
La caseta de Ordejón de Arriba, a la vera de la lora de La Ulaña





Huérmeces

Ordejón de Arriba
Estas casetas también proporcionan una amplia gama de servicios a una no menos amplia variedad de fauna y flora: estrecho cobijo a arañas y lirones, repisa a lechuzas y golondrinas, solarium a lagartos y lagartijas, calor a pulgas y chivarras, guarida a víboras y culebras, cortavientos a majuelos y saúcos, sombra y abrigaño a excursionistas y pensionistas ... 

Las casetas acabaron por adquirir la categoría de nicho ecológico, rico y variado, sometido a las leyes de selección y evolución, hasta la ruina total. 

sábado, 23 de septiembre de 2017

La torre de Santa Cristina




A principios de este año, Google Maps realizó un nuevo volcado de imágenes satelitales para la zona de Huérmeces; fueron realizadas el sábado 20 de junio de 2015. (1) Las anteriores ya hacía tiempo que se habían quedado obsoletas (pertenecían a la era pre-eólica) y, además, su resolución era pésima.

Aún no había tenido ocasión de revisar detenidamente estas nuevas imágenes de satélite, en busca de alguna pista que pudiera depararnos el azar del momento en el que se tomara la fotografía y del cultivo que soportara ese año la parcela en cuestión. 

Y una vez más, al igual que sucedió hace año y medio con La Blanca (en aquella ocasión con las fotos volcadas en Bing Maps), surgió un contorno delator en un pecio muy cercano al pueblo. (2)




Santa Cristina es un paraje situado al Oeste y muy cerca del casco urbano de Huérmeces; enfrente de la denominada Casa de Castilla, justo al lado del lugar en el que el Puente Vega cruza sobre el Úrbel y sobre el cauce del cercano molino de Cigatón.




En estas nuevas fotos de Google Maps, sobre la finca sembrada de cereal se vislumbra perfectamente la planta de una construcción de unos 14 por 10 metros; sus contundentes muros aparecen, sin embargo, algo deslavazados en su esquina NE; también se aprecia la posible existencia de una pequeña construcción auxiliar en la zona NW, quizás el patín de acceso a una supuesta torre, quizás un trojero.

La primavera de 2015 había resultado excepcionalmente seca en gran parte de Castilla, pero entre los días 9 y 14 de junio se registraron fuertes precipitaciones de carácter tormentoso (74 litros en la estación meteorológica de Tardajos y 93 litros en la de Renuncio); por lo tanto, en la fecha de vuelo (20 de junio), el suelo conservaba aún gran parte de la humedad almacenada, lo que posibilitó que se hiciera patente la diferente compactación del mismo: muy compactado en los perfiles de la cimentación, poco compactado en su alrededor. No pudo resultar más oportuna, pues, la fecha elegida para que el satélite fotografiara la zona.  



En las ortofotos SIGPAC de los años 2005 y 2009 también se constata la existencia de ese rectángulo perfecto que forman los cimientos o restos de cimientos de una antigua construcción. Tiene relevancia el hecho de que incluso la fotografía de 2005, tomada a finales de julio o principios de agosto, deje adivinar el contorno de la edificación. Quizá una tormenta estival, acaecida poco antes de que se tomara la fotografía, originó la humedad edáfica suficiente como para que se produjera un nítido contraste entre la tierra compactada y la removida. Lo que queda claro es la existencia de restos de cimentación a una profundidad no muy grande.




En las ortofotos SIGPAC de 2007 y 2011, sin embargo, no es posible distinguir traza de cimentación alguna. Hay que tener en cuenta, también, que la resolución de las ortofotos de estos dos años en inferior (0,5 m) a la utilizada en 2005 y 2009 (0,25 m). 

Lo mismo sucede con las ortofotos del SIGPAC de 2014 (el que puede consultarse en la actualidad) y con las de Bing Maps (fotos satelitales de julio de 2016), en las que no es posible vislumbrar línea alguna.



  
Hubo suerte, incluso, con las fotografías del vuelo americano de 1956, realizadas con anterioridad a la ejecución de la concentración parcelaria, que de manera tan brusca modificó linderos y arroyos. Las primeras lluvias otoñales de aquel año (la fotografía data del 8 de octubre de 1956) pudieron crear las condiciones idóneas para que la tierra hablara delatoramente.

En esta vieja fotografía aérea, también se aprecia claramente una finca de contorno casi cuadrado (y tono más oscuro) en la que se inserta el plano de la supuesta torre; esta pequeña parcela era cultivada por Julián Arribas "Castilla", cuya vivienda se encontraba al otro lado del camino. Tanto la vivienda como la finca en la que se enclavaba la supuesta torre eran propiedad de alguno de los terratenientes de la zona (Arteche o Arquiaga, quizás) y "Castilla" las disfrutaba en régimen de arrendamiento.

Quizás la casa, en la que "Castilla" residió durante gran parte de su vida, fuera en su día levantada con los restos de la supuesta torre que se erguía en la finca del otro lado del camino. Quizás.

En los alrededores de la finca en la que se enclava la construcción, mi bisabuelo Bernardo poseía una pequeña parcela, y recuerdo haber oído relatos familiares acerca de la constante aparición de importantes restos pétreos al realizar las periódicas labores de arado.

Tanto la considerable anchura de los muros (casi 2 metros) como las perfectas dimensiones rectangulares inducen a pensar que nos encontramos ante los restos de una construcción defensiva, tipo torre o casa-torre; en todo caso una construcción de cierta altura e importante cimentación. 

Resulta curiosa la coincidencia entre sus dimensiones exteriores (14x10 aprox.) y las del torreón de los Padilla (14x10 aprox.); cabe suponer que ya en aquellos lejanos tiempos existieran ciertos estándares en las proporciones de este tipo de fortalezas. (3)



Diferentes fuentes documentales (4) nos hablan de la mas que posible existencia en Huérmeces de otras construcciones fortificadas o pseudo-fortificadas, aparte de las dos que han llegado a nuestros días (Palacio de los Fernández Zorrilla y Torreón de los Padilla):


- En cuanto a los Arriaga, un documento de 1711 hablaba de una torre solariega en los siguientes términos: “su situación en el barrio que llaman de San Juan que como solariega ilustre y antigua se halla independiente de otras en campo raso, su forma es una torre, su materia de piedra de sillería, y su fábrica denota mucha antigüedad. Tiene sobre la puerta principal el escudo y divisa de las armas de Arriaga.” Podría tratarse del actual Palacio de los Arriaga-Salamanca, aunque su descripción como torre puede ocasionar cierta confusión.

- Otro documento menciona “la casa fuerte de Guermeses” entre los bienes de Leonor de la Vega.

- También aparece una casa-fuerte en la relación de propiedades que formaron parte del mayorazgo creado por Pedro Fernández de Velasco en 1458; en su condición de conde de Haro aclaraba que había pagado a su hermano Fernando de Velasco 1231 florines de oro “por los cuales dicha Condesa [Beatriz Manrique], mi mujer, hubo comprado y compró durante el matrimonio entre mi y ella del dicho mi hermano y señor la dicha casa fuerte y heredad de Guérmeces…”

Desde Santa Cristina hacia el norte: molino de Cigatón, ermita de Cuesta Castillo y Palacio de Arriaga-Salamanca


Cabe la posibilidad, pues, de que la construcción ubicada en Santa Cristina se tratara de una de estas tres casas-torre o casas-fuerte de las que hablan viejos documentos. Me temo que nunca sabremos si perteneció a los Arriaga, a los de La Vega o a los Velasco, aunque poco importe ya el asunto.

Desde Santa Cristina hacia el sureste: iglesia de San Juan y Torreón de los Padilla (o del Duque de Abrantes)


Lo que si nos permitiremos será la licencia de imaginar una esbelta torre alzada sobre este paraje, a escasos 200 metros al norte del actual Torreón, y quien sabe si también cercana a otras existentes en el viejo Guermeces de los siglos XV al XVIII. Seguramente, un Huérmeces con un skyline muy distinto del actual.




NOTAS:

(1) Las fechas exactas en las que se realizaron las fotos satelitales volcadas en Google Maps pueden consultarse fácilmente en Google Earth (versión de descarga gratuita, Google Earth Pro 2017).

(2) Para consultar la entrada relativa a la reaparición de la ermita de La Blanca, pinchar en el siguiente enlace:   La ermita de La Blanca

(3) Dimensiones exteriores de otras torres existentes en la  provincia de Burgos: Castrobarto (13,3 x 10,8), Castrovido (14,8 x 12,5), Zumel (9 x 8), Quincoces de Yuso (13,25 x 10,5), Olmos de la Picaza (10,9 x 9,7), Valdenoceda 12,3 x 11), Villanoño (8,85 x 8,25), Fresno de Nidáguila (9,10 x 9,1), Rebolledo de la Torre (10 x 7,65), Villaute (11,85 x 10,5), Quintanaortuño (7,4 x 7,4), Albillos (15 x 15), Itero del Castillo (10 x 10).

Para más información sobre el Torreón de los Padilla: El Torreón de Huérmeces


(4) Arquitectura fortificada en la provincia de Burgos. Inocencio Cadiñanos Bardeci. Diputación Provincial de Burgos (1987). [páginas 45-46]

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Sorteo de montes en Huérmeces (1879)



Hasta la generalización del uso de las modernas cocinas a gas, ya mediado el siglo XX, el acopio anual de leña constituía una de las labores fundamentales para cualquier familia campesina. El fuego de la cocina permanecía encendido casi todo el día, por lo que el consumo de leña era constante a lo largo de todo el año. La leña que alimentaba la cocina también servía para caldear, aunque fuera mínimamente, el ambiente, además de suministrar combustible a braseros y tumbillas (calientacamas).

Aunque la práctica totalidad de la leña procedía de montes de encina, no hay que menospreciar la procedente de los ya entonces escasos rodales de roble (Quercus faginea, quejigo o roblencina) que medraban en determinados parajes del pueblo (Valdetope, sobre todo).

Al fondo, matas de encina de la Cuesta el Cuerno y del camino Ubierna

Las expresiones "suerte" o "sorteo" hacen referencia a lo heterogénea que podía resultar la calidad de los diferentes lotes de leña a repartir entre los vecinos del pueblo. Había montes con buena o mala leña, con accesos fáciles o complicados, más próximos o más alejados del pueblo.

La distribución de las diferentes suertes era realizada por el alguacil, con la ayuda de algún vecino más. Cada suerte era señalizada doblando una rama de encina en la mata elegida y colgando sobre la misma el número correspondiente.

Los sorteos se realizaban a últimos de año, poco antes de Navidad. Cada suerte servía para completar unos dos carros de leña, casi las necesidades anuales de una familia campesina.

Huérmeces desde una de las matas de encina de la Cuesta El Cuerno


En un documento titulado "Sorteo de los montes de Valdevacas, La Mazorra y demás" (1) se consignan las suertes del aprovechamiento de una serie de montes del pueblo, en este caso los más cercanos al mismo; aunque no aparece fechado, suponemos que no diferirá de la fecha de otro documento con el que comparte archivo ("Sorteo de las roturas de las praderas del Mojón y Las Compuertas") y con el que también coincide en el tipo de letra del secretario de turno (probablemente, Felipe Gallo). Este documento está fechado el 21 de diciembre de 1879.


Por la información encontrada en otros documentos datados también en la segunda mitad del siglo XIX, suponemos que algún que otro año se sorteaban aquellos montes más alejados del pueblo, situados en parajes a los que únicamente llegaban largos y penosos caminos (Rallastra, Cotorros, Valcavado, La Revilla, Itero, Valdegoba, Isilla, Valdetope, San Vicente, La Veguilla, Rogarcía, Navatillo, etc). Quizás de vez en cuando se concedía una tregua a los montes situados más cerca, y se permitía la corta de los más alejados.


Huérmeces desde las laderas -deforestadas- del camino Castrillo


Es de destacar que, en la citada relación de montes cercanos al pueblo, aparece algún topónimo que no ha sido posible situar en el mapa, por haberse perdido su memoria; tal es el caso de Corrales de Nicolás, Matacarros y Milagro. También aparece algún otro cuyo uso casi ha caído en el olvido, como Los Carboneros. Por último, suponemos que el topónimo Castrejón se refiere al Cotejón actual, pero no lo hemos podido confirmar.

Relación de parajes montaraces aparte, el documento posee el valor adicional de contener los nombres de la práctica totalidad de vecinos labradores con que contaba Huérmeces en aquel lejano 1879.

Por otras fuentes, sabemos que en esos años (2) vivían en Huérmeces otros vecinos que desempeñaban oficios no propiamente campesinos: molinero (Marcial Alonso), tabernero (Timoteo San Martín), zapatero (Bonifacio Pérez), albeitar (Manuel González), cirujanos (Cipriano Andrés, Domingo Rodríguez), carretero (Estanislao Martín), maestro (Ponciano Fernández), cura (Florentín Díaz-Ubierna), etc. 

Cabe suponer, por lo tanto, que o bien los lotes de leña para estas personas se sorteaban aparte, o bien que correspondía a cada vecino aportar una parte de su adjudicación a cada uno o alguno de aquellos (cura, maestro, médico, secretario...), o incluso que estos vecinos no labradores se veían en la obligación de comprar la leña a otros vecinos o al propio ayuntamiento. 




Aparentemente, la numeración de las diferentes suertes se realizaba considerando tres zonas montaraces diferentes:

- Zona A (Norte): Monte las Eras y Valdevacas: se establecieron 56 suertes, justo el número de vecinos labradores del pueblo.

- Zona B (Centro): Valdecofrades, Carboneros, Corral de Matacubillas y Milagro: se establecieron 58 suertes, dos más que el número total de vecinos labradores del pueblo.

- Zona C (Sur): Alto el Cuerno, Mazorra, Buentudanca, Matacarros, Corrales de Nicolás y Lagunilla: 54 suertes, dos menos que el total de vecinos.

En aquellos años, a cada vecino le correspondían tres suertes, muchas veces situadas en cada una de las tres zonas referidas; o al menos, en parajes diferentes y más o menos distanciados.

El resultado del sorteo, tal y como aparece en el documento -únicamente con pequeñas actualizaciones en la grafía de algunos apellidos y parajes- fue el siguiente:



Vecino
Monte
Monte
Monte
1
María Crespo
Valdecofrades
39
Carboneros
54
Alto del Cuerno
7
2
Mauricio Díaz
Valdevacas
44
Milagro
16
Tenada del Medio
28
3
Mariano Hidalgo
Valdevacas
42
Buentudanca
22
Tronillo (?)
29
4
Victoriano Varona
Alto del Cuerno
9
Valdevacas
56
Monte las Eras
12
5
Tomás Arribas
Milagro
9
Alto del Cuerno
14
Monte las Eras
3
6
Primitivo Ortega
Valdecofrades
41
Carboneros
52
Alto del Cuerno
13
7
Manuela Girón
Carboneros
47
Monte las Eras
18
Valdevacas
49
8
Santiago Tudanca
Milagro
10
Lagunilla
15
Monte las Eras
7
9
Florentín Ubierna
Milagro
8
Alto del Cuerno
10
Monte las Eras
6
10
Julián García
Corrales de Nicolás
35
Valdecofrades
17
Monte las Eras
37
11
José Ubierna
Valdecofrades
34
Carboneros
55
Valdevacas
54
12
Cándida Alonso
Valdecofrades
7
Monte las Eras
5
Alto del Cuerno
12
13
Eulogio García
Monte las Eras
30
Milagro
15
Valdevacas
52
14
Tiburcio Pérez
Milagro
12
Alto del Cuerno
6
Monte las Eras
2
15
Justo Villalvilla
Monte las Eras
31
Lagunilla
49
Corral de Matacubillas
22
16
Modesto García
Milagro
27
Matacubillas
44
Valdevacas
50
17
Pedro Terradillos
debajo Matacarros
27
Castrejón
38
Monte las Eras
33
18
Vicente Arce
Monte las Eras
16
Corral de Matacubillas
23
Corral de Matacubillas
49
19
Julián Martínez
Valdecofrades
37
Carboneros
58
Alto del Cuerno
1
20
Lorenzo Ubierna
Alto del Cuerno
5
Milagro
27
Corral de Matacubillas
40
21
Julián Alonso
Corral de Matacubillas
48
Corralines
37
Monte las Eras
20
22
Vicente Arribas
Milagro
15
misma tenada
3
Mojón de Ubierna
45
23
Antonio Díaz Ubierna
Valdecofrades
34
Carboneros
56
Valdevacas
51
24
Antonio García González
Corralines
21
Monte las Eras
14
Lagunilla
51
25
Felipe Gallo
Valdecofrades
38
Monte las Eras
11
Mazorra
16
26
Manuel Hidalgo
Lagunilla
46
Monte las Eras
15
Carboneros
47
27
Antonio García Tudanca
Valdecofrades
5
Monte las Eras
4
Valdevacas
41
28
José Díaz
Milagro
28
Carboneros
51
Monte las Eras
32
29
Eusebio Girón
bajada Cº Fontanilla
34
Lagunilla
52
Milagro
18
30
Luis Tudanca
Milagro
32
Buentudanca
24
Monte las Eras
24
31
Fabián Valderrama
Valdecofrades
4
Monte las Eras
8
Valdevacas
45
32
Quiterio Hidalgo
Monte las Eras
25
Lagunilla
54
Corrales de Nicolás
34
33
Julián Villanueva
Valdecofrades
20
Corrales de Nicolás
36
Monte las Eras
38
34
Felipe Girón
Valdecofrades
42
Mazorra
18
Monte las Eras
35
35
Eusebio Villanueva
Corrales de Nicolás
31
Carboneros
45
Monte las Eras
21
36
Pedro Ubierna
Milagro
6
Monte las Eras
27
Alto del Cuerno
11
37
Simón Villalvilla
Valdecofrades
44
Alto del Cuerno
4
Matacarros
26
38
Dionisio Alonso
Monte las Eras
17
Valdecofrades
14
Corral de Matacubillas
41
39
Santiago Alonso
Valdevacas
43
Milagro
29
Monte las Eras
23
40
Benito Díaz
Milagro
26
Mazorra
20
Valdelebrín
46
41
Pedro Alonso
Milagro
33
Valdevacas
39
Alto del Cuerno
2
42
Petra Mata
Monte las Eras
26
Lagunilla
48
Corral de Matacubillas
42
43
Victoriano Montero
Milagro
14
Buentudanca
23
Valdevacas
46
44
Vicente Díez
Valdevacas
40
Carboneros
53
Valdevacas
47
45
Cándido Alonso
Alto del Cuerno
8
Valdevacas
48
Castrejón
28
46
Pedro Díez
Valdecofrades
43
Mazorra
17
Monte las Eras
36
47
María Alonso
Valdecofrades
2
Corral de Matacubillas
24
Mojonera Ubierna
1
48
Evaristo Zumel
Corrales de Nicolás
33
Corral de Matacubillas
50
Monte las Eras
22
49
María Arribas
Monte las Eras
1
Lagunilla
53
tanda del medio Milagro
30
50
Simón Ubierna
Valdecofrades
31
Corrales de Nicolás
29
Monte las Eras
13
51
Narciso Varona
Valdecofrades
25
Mazorra
19
Monte las Eras
28
52
Valentín González
Milagro
13
Monte las Eras
10
Buentudanca
25
53
José Hidalgo
Milagro
11
Alto del Cuerno
3
Monte las Eras
9
54
Marcelino García
Valdevacas
53
tierra de Nicolás
32
Monte las Eras
19
55
Vicente Alonso
Milagro
31
tierra de Nicolás
40
Buentudanca
21
56
Mariano Alonso
Valdecofrades
36
Carboneros
57
Valdevacas
55




Página primera del documento del sorteo
Página tercera del documento del sorteo




 























Una de las dos páginas que registran las firmas de todos los vecinos

NOTAS:


(1)  Archivo Municipal del Ayuntamiento de Huérmeces (Signatura 1018, años 1861-1916)

(2) Anuario-almanaque del comercio, de la industria, de la magistratura y de la Administración de España y sus colonias (1879, 1881, 1886, 1894); Indicador General de la Industria y del Comercio de Burgos (1894); Declaraciones de nacimiento en Huérmeces (1879)